El Archivo Histórico de Dolores de San Juan

22El Patrimonio Documental de Dolores de San Juan está compuesto por diferentes fondos. Por un lado los procedentes de las dos Hermandades originarias que conforman la cofradía actual (Sacramental y Dolores), cuyos Archivos no se unieron en uno solo al menos hasta 1801, aunque todo parece indicar que coexistieron independientes durante buena parte del siglo XIX. Por otro lado, como citamos anteriormente, hay otros dos fondos correspondientes a la Hermandad del Santo Rosario y a la Congregación de Alumbrado y Vela al Santísimo Sacramento de la parroquia de San Juan. En concreto de la primera de ellas se conservan tres libros correspondientes a inventario, actas y cuentas, que abarcan desde 1762 a 1821. De la Congregación de Alumbrado y Vela al Santísimo Sacramento se han conservado varios oficios de solicitudes de indulgencias y sus correspondientes concesiones por parte de los obispos de Albarracín, Córdoba, Almería, Guadix y Jaén. Ignoramos completamente como pudo agregarse esta documentación al Archivo de la Archicofradía, lo que es innegable es que lo revisten de mayor importancia al constituir casi las únicas referencias documentales para el estudio de estas extintas hermandades de la parroquia.

Con respecto a los fondos principales (Sacramental y Dolores), la Archicofradía ha conservado las escrituras de todas sus propiedades. De la Capilla de Nuestra Señora de los Dolores se posee la copia realizada en 1792 ante el escribano público José Ruiz de la Herranz, de la original de 1696 por la que Bernardo de Eslava hacía donación a la hermandad de la capilla de su propiedad. Por otra parte, en el libro titulado “Lignum Crucis de San Juan” se conservan la copia de las escrituras de la Capilla Sacramental, realizada en 1728 por el escribano público Francisco de Torres, del protocolo original de 1622 de la escribanía de Blas Pizarro. También se custodian en el Archivo las escrituras de propiedad de la casa de calle Ancha del Carmen, donada por Vicente Cejudo a la Hermandad, en un grueso volumen en el que se recopiló toda la documentación del inmueble desde 1653 a 1793, así como las escrituras del panteón que la cofradía erige en el cementerio de San Miguel a mediados del siglo XIX.

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Otra parte muy importante del Archivo Histórico la constituyen todas las Reglas y Estatutos de la Corporación desde su fundación hasta la actualidad (1688, 1790, 1841, 1891, 1929, 1984 y 2008). Así como toda la documentación, a caballo entre el siglo XVIII y XIX, de la agregación de la Hermandad de Penitencia a la Sacramental.

Lamentablemente de esta última Corporación no se conservan estatutos ni reglas hasta 1801, en que serán comunes para la unificada Archicofradía.

Entre los libros conservados se cuentan tres dedicados a inventarios que abarcan desde 1747 a 1842, fundamentales para documentar el patrimonio actual y desaparecido de la Archicofradía. También existen varios libros de altas y bajas de hermanos y de cobro de luminarias, que permiten estudiar la composición de la Archicofradía desde 1790 hasta 1841, información que continua hasta 1978 en diversas listas incluidas en legajos. Los libros de cuentas son los más numerosos y aunque con algunas lagunas, mantienen casi continuidad desde 1789 hasta 1975. Representan una fuente de información muy valiosa para la historia de la corporación en muchos de sus aspectos. Desgraciadamente no podemos decir lo mismo de los libros de actas, bien de Juntas o Cabildos, afortunadamente a los dos que se conservaban, correspondientes a los años 1842 a 1855, se ha unido en fechas muy recientes el Libro de Actas de Cabildos y Cuentas de 1795 a 1807, adquirido por la Hermandad a un particular. De otras Juntas o Cabildos se han conservado copias de protocolos notariales, cuando se adoptaban decisiones fundamentales para la Archicofradía, o borradores a mano de algunos hermanos mayores. Por último, aunque estos costes se registraran también en los libros de cuentas, existen también algunos volúmenes dedicados exclusivamente a las misas y gastos de entierro de los hermanos, con un arco cronológico que va de 1792 a 1895.

Mención especial requiere el libro 18 (Lignum Crucis de San Juan), anteriormente citado, que además de conservar la escritura de propiedad de la Capilla Sacramental, atesora otros importantes documentos de la Hermandad del Santísimo Sacramento que detallamos a continuación:

Una segunda escritura, redactada en 1726 por el escribano Nicolás Eusebio del Castillo, estipulando la donación de un terno de tisú, por sus otorgantes Juan Carlos Sweerts y Guerrero y su mujer Clara de Ahumada y Guerrero. A continuación se disponen una serie de documentos relativos a la donación del Santo Lignum Crucis por Mariana de Austría y la escritura por la que la reliquia se donaría a la Hermandad, cumpliendo el mandato del obispo fray Francisco de San José. En penúltimo lugar, se encuentra el documento original más antiguo, una Orden de Carlos II de 1689 al General de Artillería Francisco Miguel del Pueyo, para que se dispararan salvas al paso de la procesión de impedidos de la Cofradía. Finalmente, una copia del protocolo original de la escritura de venta de sitio a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, realizada en 1728.

En cuanto a los legajos, contienen mayoritariamente recibos y facturas desde finales del siglo XVIII hasta mediados de los setenta del pasado siglo. De especial interés son los expedientes de entierros de hermanos, en los que se consignan todos los gastos que dichas circunstancias conllevaban: administración del viático, amortajar, conducir el cadáver, alquiler de capotes de ánimas para los hermanos, pago a los Clérigos menores y Niños de la Providencia, como integrantes del cortejo fúnebre, misa de corpore in sepulto…, expedientes en los que además se pueden analizar los cambios habidos a lo largo del tiempo, con la adquisición de terreno en el cementerio, tras la legislación de Carlos III que prohibía el enterramiento dentro de las iglesias. La atención de los gastos de entierros genera también frecuentes litigios con los herederos del hermano difunto, de los que se conservan también numerosos expedientes.

Otro repertorio muy numeroso de la documentación comprendida en los legajos lo constituyen los Septenarios, piezas de enorme interés ya que vienen a documentar el culto cofrade más antiguo, celebrado sin interrupción en la ciudad de Málaga.

Para la celebración del Septenario el Mayordomo de la Hermandad se convertía en un auténtico “productor ejecutivo” de todo lo necesario para la organización de los cultos. En la colección de recibos del Archivo de Dolores de San Juan se consignan los gastos litúrgicos que incluían a predicadores, sacristanes y acólitos, siendo frecuente también la remuneración de los participantes en la Vela al Santísimo Sacramento.

También conocemos gracias a la documentación conservada los gastos de exorno de la iglesia: alquiler de arañas, alfombras, colgaduras y arquitecturas efímeras, en las que a los gastos de carpintería se unían los de las telas con las que se confeccionaban mantos, cortinas y doseles, para lo que eran necesarios diversos materiales suministrados por distintos establecimientos malagueños o de otras casas comerciales foráneas. Muchos recibos dan cuenta también de la importancia que siempre concedió la Hermandad a la música que se ofrecía en los cultos, siendo contratados para ello los principales interpretes malagueños en cada momento como Eduardo Ocón o Juan Cansino.

A estos gastos se añadían otros muy diversos de los que también se conservan sus correspondientes recibos, como los de dulces y bizcochos del refrigerio que se servía a la finalización del Septenario, o los empleados en los fuegos de artificio con los que se cerraba la Función Principal tras la bendición del Sr. Obispo.

Todas estas facturas, muchas de ellas de gran belleza formal, conforman un material extraordinario, e inédito en su conjunto, sobre el activo comercio malagueño desde finales del siglo XVIII.

Con relación a los Septenarios es necesario destacar también la excepcional colección de convocatorias que se conservan en el Archivo, que junto a estampas de carácter devoto, cartas de hermandad, relaciones de bulas y privilegios, y diferentes impresos de tipo administrativo necesarios para citaciones a cabildos, cobro de cuotas, etc, componen una considerable colección de obra gráfica. En la extensa nómina de profesionales y establecimientos que imprimieron estos documentos hay significativos artistas de la estampación local, como el excelente calcógrafo de finales del siglo XVIII, Francisco de la Torre o, ya en el siglo XIX, el litógrafo Francisco Rojo. A ellos se une una larga lista de establecimientos, con la que bien se podría ilustrar la historia de la imprenta en Málaga. Entre ellos destacamos a Luis de Carreras (imprenta de la Plaza), Ambrosio Rubio (El Avisador Malagueño), Ramón Franquelo (El Correo de Andalucía) y a Ramón Párraga, además hermano de la Archicofradía, y en fechas más recientes las ya desaparecidas imprentas de Fausto Muñoz y de Corcelles (La Española), o las aun en activo Urania, Montes y Anarol.

Por último, dentro de los legajos son muy interesantes los recibos, facturas y proyectos de las diferentes obras que la Archicofradía realizó en sus capillas a lo largo del tiempo, en la que intervienen multitud de profesionales como carpinteros, albañiles, maestros de obras, entalladores, doradores, marmolistas, canteros, etc.

Federico Castellón Serrano

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