Historia

Título y denominación actual

La Muy Antigua, Venerable y Pontificia Archicofradía Sacramental de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Redención y Nuestra Señora de los Dolores se encuentra erigida y establecida canónica y civilmente en la parroquia de San Juan Bautista de la ciudad de Málaga desde su fundación en el año 1487. La última renovación de los Estatutos que rigen la Archicofradía fue aprobada por el Obispado de Málaga el 30 de octubre de 1984.

Procedencia histórica: Unión en 1801

La actual corporación procede de la unión entre la Pontificia Archicofradía Sacramental de la parroquia de San Juan Bautista de Málaga con la Hermandad de penitencia de Nuestra Señora de los Dolores, de la misma parroquia malacitana. Dicha unión-agregación se produjo merced al acuerdo a tal fin adoptado por el Supremo y Real Consejo de Castilla, protocolizado mediante Real Cédula de S. M. el Rey Carlos IV, el 28 de noviembre de 1801. Esta decisión de la Autoridad Civil fue asumida y ratificada por el Obispado de Málaga, concretamente mediante decreto del Provisor y Vicario General de la Diócesis, don Agustín Galindo de Aragón, fechado el 20 de mayo de 1802.

Desgraciadamente, el documento original de la Real Cédula mencionada se perdió en los sucesos de la invasión napoleónica de España y la llamada Guerra de Independencia, todo ello acaecido entre los años 1802 y 1811. Referencias repetidas de la citada Real Cédula se encuentran en los preámbulos de las varias reformas de los Estatutos de la Archicofradía ratificadas sucesivamente por el Obispado de Málaga en los años 1841, 1894, 1929, 1977 y 1984.

La Archicofradía, no obstante, conserva en su archivo una copia completa del expediente de la unión de las dos hermandades, acaecido entre 1790 y 1801, y, dentro de éste, del auto de la Real Chancillería de Granada (tribunal civil de la época encargado de gestionar el proceso de reducción de hermandades del Reino de España iniciado en 1783), mediante el cual el juez de dicha Audiencia ordenó la agregación de la Hermandad de penitencia de Nuestra Señora de los Dolores a la Archicofradía Sacramental de su misma parroquia de San Juan. Así puede leerse en el último párrafo de dicho documento, fechado el 26 de marzo de 1801.

Del mismo modo, en el archivo de la Corporación se conservan también los documentos originales de los trámites tanto civiles como eclesiásticos de la ejecución administrativa de la Real Orden de unión. Así figuran  entre ellos un certificado expedido en Madrid el 22 de marzo de 1802 por el secretario de Cámara más antiguo del Reino, Bartolomé Muñoz de Torres, mediante el que dicho señor da fe de la autenticidad del acuerdo del Consejo de Castilla respecto de la referida unión de las dos cofradías, como también un auto fechado en Málaga el 12 de mayo de 1802 y firmado por Benito Sáiz de Villegas, juez de la Real Audiencia de Sevilla, por el que éste da cumplimiento civil a la Orden de unión. Igualmente, completa este proceso el ya citado decreto del Provisor y Vicario General de la Diócesis de Málaga, de fecha 20 de mayo de 1802, confirmando la agregación. Interesante y sustancial, asimismo, es el documento fechado el 19 de mayo de 1802, e igualmente custodiado en el archivo de la Archicofradía, en el que el sacerdote don Juan Lacosta y el caballero don Pedro Inés Ruiz del Portal, como hermanos mayores de la Cofradía del Stmo. Sacramento de la parroquia de San Juan, hacen constar su ausencia de reparo alguno a la unión con la Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores, ya que, según precisan ante el Vicario Episcopal don Juan de Padilla, “antes bien admiten y aceptan dicha incorporación por ser la Hermandad de los Dolores un cuerpo bien organizado, sin nota alguna, que ha manifestado siempre su piedad y celo en los cultos que frecuentan sus hermanos, muchos de cuyos individuos han sido hermanos mayores de la Cofradía del Stmo. Sacramento”. El párrafo transcrito da idea del grado de fuerte relación que debía ya existir entre los cofrades de ambas corporaciones.

La Sacramental de San Juan, entre las sacramentales más antiguas y nobles

La Archicofradía Sacramental de la parroquia de San Juan Bautista de Málaga la fundaron los Reyes Católicos en el año 1487 con el nombre de Cofradía del Santísimo Sacramento, asistiéndoles el cardenal don Pedro González de Mendoza, arzobispo de Toledo, y mediante una bula papal otorgada por S. S. Inocencio VIII. Así puede leerse en los encabezamientos de los tres sumarios de gracias y privilegios que conserva la Archicofradía y que fueron publicados por el Obispado de Málaga sucesivamente en los años 1788, 1801 y 1832, si bien los dos primeros lo fueron a instancia de la Cofradía del Santísimo Sacramento como tal, mientras que el tercero lo fue por la ya entonces Archicofradía Sacramental de Ntra. Sra. de los Dolores, según autorización expresa a tal fin otorgada el 13 de mayo de dicho año por el Obispo diocesano, monseñor Juan José Bonel y Orbe.

Este dato de la fundación de la Cofradía del Santísimo Sacramento de la parroquia de San Juan de Málaga en 1487, cuyas primeras Constituciones al parecer fueron aprobadas en 1521, posee una gran importancia desde el punto de vista de la Historia Eclesiástica, ya que las primeras fundaciones de hermandades sacramentales de las que se tiene noticia, aún sin aprobación eclesiástica expresa, corresponden a las fundadas en 1494 por los padres franciscanos Cherubino di Spoletto y Bernardino Tomitano en las ciudades italianas de Parma, Orvieto, Génova, Bolonia, Forli, Macerata y Milán, así como en el año 1501 en la iglesia de San Lorenzo in Dámaso de Roma. También en Roma, en la Basílica de Santa María sopra Minerva, el fraile dominico Tomás Stella fundó en 1520 la Cofradía Sacramental que, como más tarde veremos, vendría a convertirse en 1539 en la matriz de todas las hermandades sacramentales del mundo. 

Teresa Enríquez en Málaga y en 1487

Por su parte, en España, doña Teresa Enríquez, apodada por los historiadores como "La Loca del Sacramento" por su extremada devoción a la Eucaristía, fundó en la ciudad de Torrijos una Cofradía Sacramental en el año 1506 para la cual otorgó una bula de confirmación S. S. el Papa Julio II bajo el título "Pastori Aeternis" y con fecha de 21 de agosto de 1508.

Curiosamente, consta en los anales históricos de la ciudad de Málaga que doña Teresa Enríquez, impulsora de la creación de hermandades sacramentales, estuvo durante varios meses en la ciudad de Málaga en el año 1487, año de la fundación de la Cofradía Sacramental de San Juan y año de la toma de Málaga a los musulmanes por los Reyes Católicos, ya que dicha señora formaba parte del séquito de la Reina Isabel la Católica, en tanto que su marido, don Gutierre de Cárdenas, comendador mayor de León, fue el noble que portó el Estandarte de Castilla en la solemne entrada de los Monarcas en la ciudad. Según parece, doña Teresa Enríquez era la dama encargada de dotar de ornamentos litúrgicos a las nuevas parroquias que se iban erigiendo. Considerando que una de las cuatro parroquias fundadas directamente en Málaga por los Reyes Católicos aquel año de 1487 fue la de San Juan Bautista, ¿pudo tal vez doña Teresa Enríquez impulsar la fundación de la Cofradía del Santísimo Sacramento de la parroquia malacitana de San Juan?... Es ésta una hipótesis cuya incógnita aún no ha sido despejada.

La Hermandad de penitencia de Nuestra Señora de los Dolores

Hemos indicado antes que la actual Archicofradía procede de la unión entre la Archicofradía Sacramental y la Hermandad de penitencia de Nuestra Señora de los Dolores, ambas erigidas y establecidas desde sus respectivas fundaciones en la parroquia de San Juan Bautista de Málaga.

Pues bien, la Hermandad de penitencia de Nuestra Señora de los Dolores se fundó en fecha incierta del siglo XVI. No obstante, según consta documentalmente, primero bajo la advocación de Nuestra Señora del Triunfo y luego bajo el título de Nuestra Señora de la Soledad, fue Hermandad filial de la hoy desaparecida Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Columna. Se independizó de la extinta hermandad matriz en el año 1675, merced a la gestión de su entonces mayordomo, don Pedro Brito y Cortés, y seguidamente mantuvo un pleito eclesiástico con otra cofradía malagueña de la parroquia de Santo Domingo, cuya titular igualmente se llamaba, y aún hoy se llama, Nuestra Señora de la Soledad (actual Congregación del Stmo. Cristo de la Buena Muerte), por lo que en el año 1687 la Hermandad del templo de San Juan debió modificar la advocación de su imagen titular por la actual de Nuestra Señora de los Dolores. Ya con este título, el Obispado de Málaga aprobó sus primeros Estatutos como Hermandad de penitencia plenamente independiente en el año 1688. 

Juan de Ovando y Santarén, primer hermano mayor

El primer hermano mayor de la Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores como institución independiente fue don Juan de la Victoria Ovando y Santarén Gómez de Loaisa Rojas (n.1624-f.1706), caballero de la Orden de Calatrava, capitán de Infantería, poeta culterano y persona muy influyente en la sociedad malagueña de su época. Ovando y Santarén fue previamente hermano mayor y patrono de la extinta Hermandad de Jesús de la Columna, matriz también de las otras dos cofradías de la parroquia de San Juan independizadas de ella al mismo tiempo que la de Ntra. Sra. de los Dolores, la Hermandad de Ntro. Padre Jesús de la Puente del Cedrón y la Hermandad del Stmo. Cristo de la Exaltación, actuales cofradías de “La Paloma” y “Fusionadas”. Ovando y Santarén, segregadas la Hermandad matriz y las tres cofradías inicialmente filiales, quedó como hermano mayor de las hermandades de Ntra. Sra. de los Dolores y de Jesús de la Puente del Cedrón, si bien todos los historiadores le asocian fundamentalmente a la primera, dada la patente y acendrada devoción mariana que sentía y la cual le llevó a escribir una hermosa y sentida oda a la Virgen de la Victoria, Patrona de Málaga.

Proceso de unión: 1790-1801

La vida de la Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores, con su labor de asistencia caritativa a los hermanos, principalmente en cuanto concernía al enterramiento de cofrades, y de culto a Nuestra Señora, con especial relevancia del Septenario Doloroso y de las procesiones de penitencia en Semana Santa, continuó sin especiales vicisitudes hasta 1790, año trascendental para la Corporación por muchos motivos. Así, fue en tal año cuando don José Peralta Verdugo, reputado orfebre malacitano y cofrade de la Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores, repujaría en plata de ley la formidable placa de mayordomía que durante siglos fue el motivo central del Guión corporativo de la Hermandad y la cual se inserta hoy en el estandarte “Mater Dolorosa”, cuya orla en oro fino sobre terciopelo negro fue bordada por el artista malagueño don Manuel Mendoza Ordóñez en el año 2000.

Pero fue también en el año 1790 cuando con ocasión de solicitar la Hermandad la aprobación de la reforma de sus Estatutos ante el Obispado y el Consejo del Reino de Castilla, este organismo civil decidió aplicarle la Real Orden de Arreglo y Reducción de las Hermandades del Reino, promulgada en 1783 por el Rey Carlos III, según la cual todas las hermandades que en esa fecha no gozaran de la expresa aprobación Real de sus Estatutos o no fueran sacramentales deberían ser suprimidas o unidas a una cofradía sacramental.

En consecuencia, entre los años 1790 y 1801 la Hermandad de penitencia de Nuestra Señora de los Dolores, dirigida por sus entonces mayordomos, el sacerdote don José Sanz y don Carlos Testa, litigó con el Consejo de Castilla por mantener su existencia, si bien, como ya quedó expresado antes, finalmente dicho Consejo de Castilla ordenó su unión con la Archicofradía Sacramental de su misma parroquia de San Juan, lo que efectivamente se produjo el 28 de noviembre de 1801. Desde esa fecha ambas hermandades quedaron unidas y agregadas, constituyendo a la postre una sola Corporación, la Archicofradía Sacramental de Nuestra Señora de los Dolores, a la cual, ya en fecha muy próxima a nuestros días y con la debida autorización episcopal, en el año 1984, se le añadió también la advocación del Santísimo Cristo de la Redención.

Agregación a la Archicofradía Sacramental de la Minerva de Roma

Pero conviene que nos centremos de nuevo en la historia específica de la Archicofradía Sacramental de la parroquia de San Juan de Málaga.

Ya en el siglo XVI, dicha Cofradía del Santísimo Sacramento de la parroquia de San Juan fue agregada a la Archicofradía del Santísimo Sacramento de la Basílica romana de Santa María sopra Minerva mediante la bula concedida a tal efecto por S. S. el Papa Paulo III el primero de septiembre del año 1540. Ello fue posible merced a las gestiones realizadas por don Luis de Torres, malagueño de origen, arzobispo de Palermo-Salerno y cofrade de la Sacramental malacitana de San Juan. Todo lo cual así puede leerse también en los encabezamientos de los dos sumarios de gracias e indulgencias de la Hermandad Sacramental publicados en 1788 y 1801 y antes mencionados. Justamente, como gesto de reconocimiento y gratitud hacia el arzobispo don Luis de Torres, la Archicofradía detiene cada año su cortejo en su tránsito por las naves catedralicias a fin de realizar una ofrenda floral ante el mausoleo de la tumba del mencionado arzobispo, el cual está situado en la capilla de San Francisco de la Catedral malacitana.

A partir de la citada agregación a la Archicofradía romana, la Cofradía Sacramental de San Juan se convierte en Archicofradía, siendo mencionada en la diversa documentación existente indistintamente como Cofradía del Santísimo Sacramento y como Archicofradía Sacramental.

Noticia cierta de la agregación mencionada existe en el Archivo de la Basílica de Santa María sopra Minerva de Roma, concretamente en el llamado Registro de Agregaciones de la Cofradía del Santísimo Sacramento.

Conviene asimismo señalar que la agregación de la Archicofradía Sacramental malacitana a la Archicofradía Sacramental romana en septiembre de 1540 tiene gran relevancia histórica, ya que la erección canónica de la citada Archicofradía de la Minerva tuvo lugar apenas nueve meses antes, concretamente el 30 de noviembre de 1539 y en virtud de la bula "Dominus Noster Iesus" a tal fin otorgada por el mismo Sumo Pontífice, S. S. Paulo III, por lo que la agregación de la Cofradía Sacramental de San Juan puede considerarse sin duda como una de las primeras que tuvieron lugar, además mediante procedimiento canónico propio y particular, y no a través de procedimiento impropio o generalista, como posteriormente ocurriría con otras agregaciones que bastante más tarde tendrían lugar merced a la extensión general que de las gracias e indulgencias concedidos a la Archicofradía romana, y para las hermandades sacramentales existentes en la época, conllevaría el decreto de la Congregación Pontificia de Indulgencias que así lo determinó el 15 de febrero del año 1605.

Preeminencia de las Cofradías del Santísimo Sacramento

De la importancia eclesial de las cofradías sacramentales, basta señalar la predilección y la preeminencia con que las distinguían los cánones 711,2 y 701,2 del antiguo Código de Derecho Canónico de 1917. Así, el canon 711,2 prescribía que “procuren los Ordinarios del lugar que en todas las parroquias se establezcan las cofradías del Santísimo Sacramento y de la Doctrina Cristiana”, en tanto que el canon 701,2 establecía que "la Cofradía del Santísimo Sacramento, tratándose de la procesión con el Santísimo, precede aun a las mismas archicofradías".

Confirmaciones pontificias

Varios Sumos Pontífices han distinguido a la Archicofradía Sacramental de la parroquia de San Juan Bautista de Málaga con numerosísimos privilegios. Así, según consta en el segundo sumario de gracias y privilegios datado en 1801, entre otros, han confirmado su agregación a la Archicofradía romana de la Minerva, mediante el otorgamiento de los oportunos breves pontificios, los Papas Julio III en 1550, Paulo IV en 1555, Pío V en 1566, Gregorio XIII en 1572, Gregorio XIV en 1591, Inocencio X en 1652,  Benedicto XIV en 1747 y Pío VII en 1800.

Precisamente copias de los tres últimos breves otorgados por S. S. Pío VII a la Archicofradía en diciembre del año 1800 le han sido remitidas a la Hermandad por el Archivo Secreto Vaticano, en donde se hallan depositados sus respectivos originales.

El primero de estos breves, fechado en Roma el 16 de diciembre de 1800 hace referencia al privilegio con que se dota al altar de la capilla del Santísimo Sacramento de la parroquia de San Juan de Málaga (la primitiva capilla de la Archicofradía Sacramental que actualmente alberga también la efigie del Stmo. Cristo de la Redención) con respecto a la obtención de indulgencias mediante la aplicación de las oportunas misas de sufragios.

El segundo de dichos breves, fechado en Roma también el 16 de diciembre de 1800, otorga también diversas indulgencias a cuantas personas visitaren el mismo altar del Santísimo ya referido en la parroquia de San Juan de Málaga.

El tercero de los breves pontificios, fechado en Roma el 19 de diciembre de 1800, confirma la agregación de la Cofradía del Santísimo Sacramento de la parroquia de San Juan de Málaga a la Archicofradía Sacramental de la Minerva de Roma, e incluso añade que, si fuera preciso, concede de nuevo "perpetuamente" dicha agregación, al tiempo que, textualmente, concluye confirmando "todo lo que el Papa Benedicto XIV, de feliz memoria, en sus aludidas Letras Apostólicas pudo hacer constar a favor de la Hermandad del Santísimo Sacramento de la parroquia de San Juan de la ciudad de Málaga sin que nada obste en contrario".

La alusión a las Letras Apostólicas otorgadas a la Archicofradía por S. S. Benedicto XIV el primero de mayo de 1747, se refiere a la pérdida que de dicho documento había sufrido la Archicofradía en su archivo y la cual motivó la petición de las otorgadas por S. S. Pío VII.

La relevancia de este tercer breve pontificio del Papa Pío VII es trascendental para la Archicofradía pues, en primer lugar, demuestra la exactitud documental de los sumarios de gracias y privilegios de la Archicofradía publicados con licencia del Obispado de Málaga en 1788 y 1801; y en segundo lugar porque, dado el contenido textual del propio breve pontificio, dicha Letra Apostólica constituye un certificado de autenticidad absoluto e incuestionable respecto de la antigüedad y nobleza histórica de la Archicofradía Sacramental de la parroquia de San Juan Bautista de Málaga.

Reconocimiento del título de Pontificia

En función de todo lo expuesto, y concretamente por haber sido fundada en 1487 la Archicofradía Sacramental de San Juan en virtud de una bula del Papa Inocencio VIII, así como por haber sido posteriormente agregada en 1540 a la Archicofradía Sacramental de la Minerva a través de otra bula papal de Paulo III, el Obispado de Málaga, mediante decreto fechado el ocho de mayo del año 2001 y expedido por el Vicario General de la Diócesis, don Alfonso Crespo Hidalgo, ha reconocido oficialmente a la Archicofradía su pleno derecho al uso y disfrute del título de Pontificia.

La Archicofradía, constructora del templo parroquial de San Juan

Conviene también señalar, siquiera sea muy brevemente, la importancia de los servicios que la Archicofradía Sacramental ha prestado durante siglos y presta todavía hoy a la parroquia de San Juan Bautista de Málaga.

La Archicofradía posee y mantiene dos capillas propias en el templo parroquial de San Juan de Málaga. La primera de estas capillas, la Capilla Sacramental, que primitivamente albergó el Sagrario de la parroquia y que actualmente cobija además la imagen del Stmo. Cristo de la Redención, se sitúa en la cabecera de la nave del Evangelio del templo parroquial y la posee la Archicofradía desde el nueve de junio del año 1622, fecha en la que el Obispo diocesano, monseñor Luis de Cardona, confirmó la adquisición que de tales terrenos realizó la Cofradía Sacramental el ocho de abril precedente mediante el pago de 450 ducados a don Giuseppe Hendo, propietario hasta entonces de dicho suelo. El pago fue realizado en nombre de la Cofradía del Stmo. Sacramento por parte de sus entonces hermanos mayores, don Diego de Torquemada y don Fogio Moyano. Así consta en el Libro de Escrituras de la Archicofradía del Stmo. Sacramento obrante en el archivo de la Corporación.

La Capilla Sacramental, en su austeridad, la más noble del templo, cobija la Augusta Presencia de Jesucristo Sacramentado, así como, tras del Sagrario, la imagen del Santísimo Cristo de la Redención, efigie de Nuestro Señor Jesucristo crucificado y muerto, de tamaño natural, realizada en madera de cedro policromada en el año 1987 por el escultor hispalense Juan Manuel Miñarro López y sacralizada en la festividad de Todos los Santos de ese año por el entonces Obispo titular de la Diócesis de Málaga, monseñor Ramón Buxarrais Ventura.

El Sagrario que alberga la Reserva del Santísimo es una obra neoclásica, sufragada por la Archicofradía en 1854 y labrada en plata de ley por el orfebre Francisco Rodríguez Cumbres, quien era hermano de la Archicofradía.

Esta Capilla Sacramental ha sido completamente restaurada en su estructura y ornamentación a expensas de la Archicofradía hace poco tiempo, concretamente en el año 1997. No obstante, la Archicofradía ya restauró antes esta capilla entre los años 1940 y 1941, tras el saqueo del templo en los sucesos de la II República y la Guerra Civil española (1931-39).

Además, la Archicofradía posee otra capilla en su templo parroquial, la tercera de la nave del Evangelio, la cual fue donada a la primitiva Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores el 22 de mayo del año 1696 por don Bernardo de Eslava, según consta notarialmente.

En dicha capilla se venera la bellísima y dulcísima imagen de Nuestra Señora de los Dolores, efigie de la Virgen Dolorosa, de tamaño natural, de autor anónimo y fechada a fines del siglo XVIII. Dicha imagen fue donada a la Archicofradía en el año 1941 por el anticuario malagueño don Antonio Pons y Ramírez de Verger y después de que en los sucesos de 1931 la Archicofradía perdiera a su imagen titular primitiva, una Dolorosa atribuida a Pedro de Mena y adquirida en 1675 para la Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores por quien fuera entonces su mayordomo, don Pedro Brito y Cortés.

La actual imagen de Nuestra Señora se encuentra entronizada en un retablo de madera tallada y dorada, original del escultor Miguel Zarrío, quien realizó tal obra en el siglo XVIII.

La capilla de Nuestra Señora ha sido igualmente restaurada por la Archicofradía en el año 1998, como lo fuera también previamente en los años 1941 y 1981.

Consta documentalmente, asimismo, que la Archicofradía levantó a sus expensas la actual torre barroca de la parroquia entre los años 1689 y 1783, después de que en 1680 un terremoto derribara y destruyera la primitiva.

También, entre otras diversas obras de importancia, por ejemplo, consta que en el año 1761 la Archicofradía costeó el refuerzo y el embellecimiento de los pilares del templo o que en 1740 costeó la construcción de las tribunas laterales, mientras en 1796 sufragó por sí sola el embaldosado completo de la parroquia.

Igualmente, en 1832 la Archicofradía donó una custodia procesional para el Santísimo, la cual, desgraciadamente, se perdió en el saqueo padecido durante la mencionada Guerra Civil. Con posterioridad, ya en 1941, la Archicofradía, junto a diversos feligreses, sufragó la realización en plata de ley de la actual custodia procesional que posee la parroquia, la cual, realizada por el orfebre valenciano don José David Esteve, ha sido restaurada este mismo año 2001 a las solas expensas de la Archicofradía y por el orfebre sevillano don José Jiménez Jiménez.

La Archicofradía Sacramental, pilar del Culto Eucarístico parroquial

De la actividad cultual de la Archicofradía, basta señalar que, conforme a sus Estatutos, durante siglos ha sido el sostén del Culto Eucarístico de la parroquia, especialmente en cuanto concierne a las funciones solemnes del Triduo Sacro, festividad y octava del Corpus Christi, salidas del Santísimo para llevar la Eucaristía a los impedidos, así como el Viático a los enfermos. Mención aparte merece la concesión a la Archicofradía el 22 de mayo de 1854, mediante breve de S. S. el Papa Pío IX, de los privilegios de exponer el Stmo. Sacramento durante la celebración de los cultos del Septenario a Ntra. Sra. de los Dolores y de organizar durante los días de tal Septenario el Jubileo de las XL Horas de adoración al Stmo. Sacramento.

La lectura del primer sumario de gracias y privilegios de 1788, por otra parte, explica perfectamente la regularidad de los cultos sacramentales promovidos por la Archicofradía y los cuales son fiel reflejo de los ordenados en los Estatutos de la Archicofradía Sacramental de la Minerva de Roma.

Asimismo, es ilustrativo del esplendor y solemnidad alcanzado por los cultos celebrados por la Archicofradía, el hecho de que durante buena parte del siglo XIX, año tras año y conforme figura en las convocatorias de culto conservadas en el archivo corporativo, el Obispo titular de la Diócesis impartiera la Bendición con el Santísimo Sacramento al término de la Función solemne con que culmina el Septenario a Nuestra Señora en la tarde del Viernes de Pasión, todavía hoy tradicionalmente llamado Viernes de Dolores.

Igualmente, da fe de la importancia de los cultos de la Archicofradía la Real Orden fechada el 26 de julio de 1889 mediante la cual por mandato de S. M. el Rey se ordenaba al Gobernador de la plaza de Málaga que se disparasen salvas de artillería desde los cañones de los castillos de la Torre Gorda y de la Torre del Obispo “cuando salga la procesión que la Cofradía del Stmo. Sacramento de la parroquia de San Juan celebra para llevar el Stmo. a los impedidos”.

En la actualidad, con la lógica adaptación a los tiempos, la Archicofradía sigue organizando en la parroquia, a sus expensas y entre otros cultos, los relativos al Triduo Sacro, montaje del Monumento Eucarístico, celebración de un triduo sacramental en la octava de la fiesta del Corpus Christi y procesión con el Santísimo por las calles de la feligresía el domingo de dicha octava. Asimismo, todos los últimos jueves de cada mes celebra en su capilla Sacramental un acto de Adoración Eucarística con Exposición solemne, Bendición y Reserva de S.D.M. y Celebración de la Palabra. Además, la Archicofradía consagra anualmente su tradicional Septenario a Ntra. Sra. en la Semana de Pasión, un quinario al Stmo. Cristo de la Redención a fines de enero, un triduo a Ntra. Sra. con ocasión de la festividad de sus Dolores Gloriosos en septiembre, y el llamado Pregón de la Pura y Limpia Concepción de María Santísima en las vísperas de cada ocho de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción. Además, la Archicofradía verifica en la tarde y noche de cada Viernes Santo su procesión de penitencia, en la que participan más de medio millar de cofrades, acompañando a las imágenes del Santísimo Cristo de la Redención y Nuestra Señora de los Dolores y realizando Estación en la Catedral de Málaga para venerar la Santa Cruz instalada en el Altar Mayor, conforme a la Liturgia del día. 

Diversas reformas de las primitivas Constituciones

Afortunadamente, la Archicofradía posee copias de la totalidad de las sucesivas Constituciones, Estatutos, Reglamentos y Reglas mediante las que se ha gobernado la Hermandad de penitencia de Ntra. Sra. de los Dolores a lo largo de los siglos y las cuales se han denominado bajo todas esas nomenclaturas, en función de las épocas. Por el contrario, no posee copias de las primitivas Constituciones de la Cofradía del Stmo. Sacramento, si bien, a través de citas de otros documentos, se tiene noticia de que tales primeras Constituciones al parecer fueron aprobadas en 1521, siendo reformadas con seguridad tras el año 1540 por mor de la agregación a la Archicofradía Sacramental de la Basílica romana de Sta. María de la Minerva, y más tarde, por lo menos en otra ocasión, concretamente en el año 1763.

En el archivo de la Corporación figuran copias originales de 1790 de las primitivas Constituciones de la Hermandad penitencial de Ntra. Sra. de los Dolores fechadas en 1688, así como de la reforma de las mismas efectuada por el Cabildo General de Hermanos el seis de mayo de 1790, cuya aprobación ante el Ordinario diocesano y el Consejo de Castilla motivó el inicio del expediente de unión con la Archicofradía del Stmo. Sacramento. Tal reforma de 1790, pues, no sería oficialmente ratificada por el Consejo de Castilla y el Obispado hasta mayo del año 1802. Posteriormente, pero también en el siglo XIX, se reformarían nuevamente las Constituciones de la Archicofradía, ya con la denominación de Estatutos, en enero de 1841 bajo la dirección de su mayordomo, don Guillermo Moreno Galindo, así como en 1891, si bien en este último caso el Cabildo de reforma, bajo el mandato del hermano mayor de la época, don José Hurtado,  tuvo lugar el cuatro de febrero de 1891, mientras que la aprobación del Obispado está fechada el 26 de noviembre de 1894 por mandato del entonces obispo malacitano, monseñor Marcelo Spínola y Maestre.

Ya en el siglo XX, la Archicofradía reformaría nuevamente sus Estatutos, ahora articulados bajo la denominación de Reglamento, en los años 1929, 1977 y 1984. Así, el cuatro de marzo de 1929 el Cabildo aprueba una modificación de las Reglas, actuando como hermano mayor en funciones el mayordomo, don Carlos Rubio Robles, quien sustituía al hermano mayor recién fallecido, don Julio Goux Mignacabal, quien fue un gran benefactor de la Hermandad. Esta reforma sería ratificada por el Vicario General del Obispado, don José del Valle, el dos de octubre del mismo año 1929. 

Reinstauración de la procesión de Semana Santa

Sin embargo, acaso sea la reforma más relevante del siglo XX la aprobada por el Obispado con fecha de tres de noviembre de 1977. Merced a ella, y después de que en mayo de ese mismo año, bajo el mandato del entonces hermano mayor y Medalla de Oro de la Archicofradía, don Alfonso Soria Alvarez, ingresara en la Hermandad un grupo de jóvenes encabezados por Adolfo Navarrete Luque, Ricardo Ballesteros Liñán, Alfonso Martín Ruíz y Miguel Angel Fernández Martínez, sería reinstaurada con carácter regular y ordinario la salida procesional en Semana Santa de la Archicofradía con su imagen titular de Ntra. Sra. de los Dolores.

Si en las primitivas Constituciones de 1688 y en la reforma de 1790 se establecía la salida procesional con carácter ordinario en la tarde del Miércoles Santo, en las reformas estatutarias de 1841 y de 1891 tal procesión sólo poseía la naturaleza de ocasional, en función de las posibilidades económicas de la Archicofradía. Así, según precisa el capítulo cuarto de los Estatutos de 1841, la procesión del Miércoles Santo sólo se efectuaría de poder costearse previamente la celebración del Septenario a Ntra. Sra. y la Función Principal de Instituto, ya que, entre estos tres cultos, “la procesión ocupa el tercer lugar”.

En semejantes términos a los descritos se expresan los Estatutos de 1891 y el Reglamento de 1929, pues ambos establecen un rígido procedimiento a seguir por el Cabildo General de Hermanos para acordar la salida procesional, destacando como requisitos indispensables la necesidad de que los gastos de la salida fuesen sufragados mediante donativos no procedentes de los ingresos generales de la Archicofradía, así como que la Virgen fuese acompañada de cien hermanos cuando menos. Si se considera que, según los listados de hermanos obrantes en el archivo de la Archicofradía, la Corporación contaba, por ejemplo, con un total de 161 hermanos en el año 1867, y de un total de 15 hermanos en 1927 (el número más bajo de su historia, que impulsaría la reforma estatutaria de 1929), se colige la dificultad de procesionar en Semana Santa, máxime cuando las mismas Reglas prohibían terminantemente la posibilidad de contratar “alquilados”, es decir nazarenos remunerados ajenos a la hermandad, tal y como en aquellos tiempos hacían otras cofradías malagueñas. 

Últimas procesiones de Semana Santa en el siglo XIX

Las últimas procesiones en Semana Santa de la Archicofradía documentadas y correspondientes al siglo XIX, no obstante, corresponden a los años 1867, 1892 y 1893. Así, en el año 1867 la Archicofradía salió en la tarde del Viernes Santo y no en la del Miércoles Santo cual era su costumbre. El cortejo de la Archicofradía marchó junto a los de las otras tres hermandades con sede entonces en la parroquia de San Juan, Jesús de la Puente del Cedrón, Stmo. Cristo de la Exaltación y Ntro. Padre Jesús Nazareno (titular éste último de una hermandad hoy extinguida), y se dirigió a la Catedral para realizar Estación de Penitencia en su interior, recorriendo las calles de San Juan, Pza. de la Alhóndiga (actual zona de la Pza. de Félix Sáenz), Nueva, Pza. de la Constitución, Santa María, Catedral, San Agustín, Granada, Pza. de Riego (hoy de la Merced), Alamos, Torrijos (hoy Carretería), Compañía y San Juan hasta su templo.

En esta procesión de 1867, como probablemente en las verificadas en los años 1892 y 1893, los cofrades debieron procesionar a Ntra. Sra. de los Dolores sobre el trono realizado en 1837 por el orfebre don Miguel Martínez y el carpintero don Gabriel de Torres, quienes en realidad, según la documentación obrante en el archivo de la Archicofradía, simplemente restauraron las andas procesionales realizadas en el año 1792 por el orfebre don Francisco Rodríguez Boza y el maestro cincelador don José Pereira, merced al encargo recibido de los entonces mayordomos de la Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores, el sacerdote don José Sanz y don Carlos Testa.  Dicho trono original, finalizado el 18 de marzo de 1792, sería estrenado el 30 del mismo mes con la correspondiente procesión de Ntra. Sra.

El trono de 1792, restaurado en 1837, consistía en una gran peana de madera teñida de oscuro y con forma carrete, toda ella guarnecida de orfebrería barroca en plata de ley. Complementaban su decoración dos arcángeles exentos con incensarios de plata en sus manos, colocados a los lados de la Virgen y realizados en madera policromada, así como cuatro angelotes, igualmente de madera tallada y polícroma, los cuales, portadores de atributos de la Pasión, se situaban en las esquinas de la peana. Por último, completaba el conjunto una crestería de nubes de plata con cabezas de querubines de madera policromada. De todo este conjunto, pese a los saqueos padecidos por la Archicofradía en 1931 y 1936, aún se conservan los cuatro angelotes de las esquinas de la peana, actualmente colocados en el retablo y la propia peana de camarín de la Señora, así como la parte frontal de la crestería de nubes con querubines.

La procesión de 1978, nueva era de la Semana Santa malagueña

El 24 de marzo del año 1978, Viernes Santo y festividad de San Segundo, tuvo lugar la efectiva reinstauración de la procesión de Semana Santa de la Archicofradía Sacramental de Ntra. Sra. de los Dolores.

Justamente en la tarde de dicho Viernes Santo la imagen de Ntra. Sra. de los Dolores fue procesionada de nuevo, transitando por el recorrido oficial de los itinerarios coordinados por la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga y siendo acompañada por un centenar de hermanos nazarenos, así como portada por otros setenta cofrades en un sencillo trono de flores. El ambiente de austeridad y absoluto silencio del cortejo causó un gran impacto entre el público. Hasta tal punto conmovía el silencio de la comitiva, que al paso del trono de Ntra. Sra. de los Dolores por la Plaza de Arriola, ante el convento de la Congregación de Hermanas de la Cruz, las monjas rompieron su habitual mudez para, improvisadamente, cantar un motete a la imagen de Ntra. Sra. Dicho hecho, inaudito hasta entonces, originó una especial vinculación entre la Archicofradía y la citada Orden Religiosa, así como una tradición luego imitada por otras varias hermandades. Por ello, como testimonio de los lazos fraternales que unen a la Archicofradía con las Hermanas de la Cruz, la fachada del cenobio presenta un azulejo con la efigie de Ntra. Sra. de los Dolores desde el año 1990.

La Archicofradía ingresaría pocos meses después, concretamente el 16 de junio de 1978, como miembro de pleno derecho en el seno de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, hecho sin precedentes en las tres décadas anteriores durante las cuales ninguna hermandad engrosó la nómina agrupacionista. Asimismo, el espíritu de silencio y recogimiento de la Archicofradía en su discurrir procesional resultó un ejemplo a seguir por muy buena parte de la decena de hermandades incorporadas al contexto procesional de la Semana Santa malacitana en los años siguientes, de forma que los historiadores coinciden hoy en señalar la reinstauración de la procesión de la Archicofradía Sacramental de Ntra. Sra. de los Dolores como el hecho clave que abre la que ha sido bautizada como “Edad de Oro de la Semana Santa malagueña en el siglo XX”. 

Recuperación de antiguas tradiciones

De entre las múltiples notas que caracterizan a la Archicofradía, una de las más sobresalientes es sin duda su marcado interés por recuperar antiguas tradiciones propias de la Hermandad. Merced al ingente manantial de información histórica que proporciona a sus cofrades el amplio archivo histórico que conserva la Corporación, ha sido posible recuperar el uso de la tela de Ruán para confeccionar las túnicas de sus nazarenos. Dicho tejido, tradicionalmente utilizado como forro de las vestiduras y ornamentos litúrgicos, es originario de la ciudad gala de Rouen y durante los siglos precedentes, por su apresto y patente humildad, fue usado como hábito de los penitentes de diversas cofradías malagueñas como, por ejemplo, la de Jesús Nazareno de Viñeros.

No menos interesante es la recuperación efectuada por la Archicofradía de la llamada Música de Capilla (formación de cámara usualmente compuesta por fagot, oboe, clarinete y flauta) para su inclusión en el cortejo procesional del Viernes Santo. Los libros de cuentas de la Archicofradía correspondientes a los siglos XVIII y XIX presentan de forma pormenorizada los gastos efectuados anualmente y a tal fin tanto para la celebración del Septenario como para la procesión de Semana Santa. Destaca en este sentido la participación directa en tales cultos del maestro don Eduardo Ocón Rivas, el más ilustre de los músicos malagueños, quien dirigió la Capilla Musical de la Archicofradía desde el año 1858 al de 1861.

Más relevante aún es el hecho de que la Archicofradía haya logrado recuperar desde el año 1989 la realización de la Estación Penitencial en el interior de la Catedral, que siempre verificó su cortejo en las procesiones de los siglos precedentes, y la cual dota de pleno sentido litúrgico a la procesión. Así, al dirigirse la comitiva procesional desde un lugar sagrado a otro lugar sagrado se cumplen las antiguas prescripciones de las normativas eclesiásticas, tal y como establecía el antiguo Código de Derecho Canónico al definir las procesiones, al tiempo que ello permite a los cofrades participantes en la procesión proceder a la adoración de la Santa Cruz instalada en el Altar Mayor de la Catedral, conforme a las rúbricas de la Liturgia propia del Viernes Santo. 

La Archicofradía, huésped temporal de la Comunidad Jesuíta 

La Archicofradía, asimismo, estrenó entre los años 1982 y 1985 un nuevo trono para Ntra. Sra. de los Dolores, el cual, realizado en orfebrería plateada por el sevillano taller de Vda. de Manuel Villarreal, en dicho año de 1985 incorporó su nuevo palio de crestería. Dicho palio impedía al trono salir del templo de San Juan a través de la puerta de la torre, por donde desde 1978 había venido saliendo el cortejo de la Hermandad. Por esta circunstancia la Archicofradía solicitó al Ordinario Diocesano autorización para reabrir la entonces cegada puerta central de la parroquia de San Juan, la cual fue tapiada tras los sucesos de 1931.

La denegación de tal solicitud, mantenida por el Obispado entre los años 1985 a 1988, motivó que la Archicofradía se negara a montar el trono de Ntra. Sra. de los Dolores en la calle, al estimar el Cabildo de la Archicofradía que el cortejo de ésta siempre había salido al completo desde el interior de su templo parroquial y precisamente, hasta el siglo XX, utilizando la puerta central, por lo que dicho Cabildo acordó no realizar la procesión, si ésta no podía salir desde el interior de un templo. Por ello, el entonces Obispo de la Diócesis, monseñor Ramón Buxarrais, solicitó a la Compañía de Jesús que acogiera a la Archicofradía durante los días de Semana Santa en su templo de San Ignacio, muy próximo a la parroquia de San Juan, a fin de que la Hermandad pudiera realizar su procesión.

Merced a la caridad y comprensión de los Padres Jesuítas, así sucedió en los cuatro Viernes Santos de los años citados, si bien durante el transcurso de ese tiempo la Archicofradía litigó administrativamente con el Obispado hasta que el cinco de octubre de 1988 el mismo Prelado firmara el decreto de autorización expresa a la Archicofradía para que ésta procediera a sus propias expensas a la reapertura de la puerta central del templo de San Juan.

Finalmente, concluidas las obras pertinentes, la nueva puerta central de la parroquia, construida por la Archicofradía y sufragada por ésta con la colaboración de las Reales Cofradías Fusionadas de la misma parroquia, fue bendecida e inaugurada con una procesión extraordinaria con el Stmo. Sacramento en la tarde del 11 de marzo de 1989, primera jornada del Septenario a Ntra. Sra. de los Dolores de aquel año.

El Viernes Santo de 1989 la Archicofradía volvía a salir desde el interior de San Juan, si bien por primera vez desde este templo con la imagen del Stmo. Cristo de la Redención, la cual fue bendecida el uno de noviembre de 1987 por el Obispo Diocesano, por lo que su primera salida en procesión en 1988 se realizó desde el templo jesuítico del Sagrado Corazón, motivo por el que la Compañía de Jesús apadrinó previa y formalmente la bendición de dicha imagen.

Pedro F. Merino Mata