CAPILLAS

Capilla del Santísimo.

capilla cristo

A la par de las reformas del primer tercio del siglo XVII de la iglesia de San Juan, la Archicofradía Sacramental adquiere parte de la nave de la Epístola, el día 31 de marzo de 1622, para labrar a su costa, una o dos Capillas para guarda y custodia de sus bienes, y el enterramiento de sus hermanos. Años más tarde, La Hermandad de Jesús Nazareno, adquirió, en 1716, parte del solar al entonces Hermano Mayor de la Sacramental Pedro Ponce, con la intención de construir su propia capilla. Los setecientos setenta reales obtenidos por la operación supondrían una gran ayuda para la Hermandad volcada en la ampliación y reconstrucción del templo, y para la construcción de la sacristía que quedaría alineada al resto de las capillas de la nave lateral, en un espacio entre la suya y la que debía construir a su costa la Hermandad de Jesús Nazareno.

En 1721, el entonces Hermano Mayor Eugenio Colichet, solicitó al obispado la ayuda para fábricas menores justificando la necesidad de terminar las obras en la capilla. La negativa por parte de la diócesis no frenó la construcción de la misma que quedaría finalizada el 30 de junio de 1726. El recinto de la capilla quedó centrado por la presencia de un rico altar elaborado en ágata y mármol rojo, material éste último que también se encontraría en el revestimiento del zócalo que recorría todo el perímetro. Desde esta base hasta la bóveda, había una abundante decoración de yeserías policromadas con decoración de hojas de acanto y placas con relieves en los que se representaban animales alusivos a Jesucristo y a la Eucaristía, como el pelícano y el Ave Fénix

A lo largo del siglo XIX, ya fusionada la Sacramental con la Hermandad de los Dolores, la importancia de las celebraciones de ésta comenzó a perder fuerza en favor de la creciente devoción hacia la imagen de la Dolorosa. Muestra de ese desinterés es que los datos consultados por Federico Castellón, apuntan a que incluso la gestión de la capilla de la Sacramental pasó directamente a la parroquia. A comienzos del siglo XX, era tal el estado de abandono del recinto que algunos feligreses decidieron hacerse cargo de su restauración. Entre los donantes se encontraba un grupo de señoras como Trinidad Supervialle, su hija Trinidad Gómez y Ramona Solier, que sufragarían la restauración del magnífico Sagrario del siglo XVIII realizado por el platero Francisco Rodríguez, así como la solería de mármol blanco, y una vidriera de colores representando a Jesús en la Sagrada Cena. Al parecer, con el paso del tiempo, la decoración de la capilla se había ido incrementando con la colocación de diferentes imágenes procedentes de otras hermandades, como un Buen Pastor, originario de la Hermandad de Luz y Vela, y una Inmaculada, de la propia parroquia.

En el año 1996, la Archicofradía de los Dolores recuperó de nuevo la capilla Sacramental tras el traslado de los Titulares de la Cofradía de la Paloma a su nuevo oratorio de la plaza de San Francisco. Desde su bendición, el Cristo de la Redención se había situado en uno de los laterales de la Capilla de la Dolorosa al no disponer la parroquia de un recinto que dedicarle. Con la marcha de la Hermandad de la Puente del Cedrón se habían quedado libres dos capillas y la Junta de Gobierno de la Archicofradía pensó en solicitar la antigua capilla Sacramental para su Titular.

En la reunión mantenida con el obispado, se informó a los representantes de la Junta de Gobierno de que debía ubicarse junto a la imagen del crucificado el Sagrario de la parroquia. Para la Archicofradía, esta decisión suponía un nuevo estímulo en cuanto el conjunto devocional Crucificado-Sagrario resume a la perfección la idea Sacramental y redentora de nuestro Señor. La Archicofradía llevó a cabo la reforma entre los años 1996 y 1997, en una restauración que se puede considerar como una rehabilitación ya que, durante los años en los que la hermandad del Miércoles Santo había tenido allí su sede canónica, la decoración original había sido completamente alterada.

Para su recuperación, fue necesaria la sustitución del pavimento y del zócalo por el actual de mármol rojizo, pintándose los paramentos y bóveda en blanco y los elementos decorativos en gris. En un principio, el fondo de la capilla se tapizó con damasco morado, que ha sido sustituido con el tiempo por el actual rojo burdeos.

La capilla que actualmente ocupa el Stmo. Cristo de la Redención, y el Sagrario de la parroquia, es un recinto de planta cuadrada cubierto con bóveda de media naranja sobre pechinas. El testero del fondo está cubierto por una tela de damasco de raso de color burdeos. La capilla se abre a la nave del Evangelio mediante un arco de medio punto rebajado con el intradós decorado por molduras mixtilíneas pintadas de gris, una alternancia cromática que se repite en la ornamentación arquitectónica de todo el recinto, incluidos pechinas y cúpula. Esta última, se remata en su parte superior por un cupulín sobre tambor abierto al exterior por un pequeño vano rectangular.

A la izquierda hay un cuadro de la Virgen de la Redonda, versión mejicana de la Inmaculada Concepción, enmarcado por una moldura de obra de formas muy sencillas, rematadas en la parte superior por un frontón en forma de arco de medio punto rebajado, en consonancia con el de entrada a la capilla, también en color gris, completando el esquema que se repite en el marco de la puerta que ocupa el testero de la derecha. Sobre dicha puerta hay un mosaico con inscripción y un cuadro de San José perteneciente a la parroquia. A ambos lados de esta puerta, dos pequeñas cornucopias en las que se sustituyeron los espejos por pinturas. En la parte superior, se abre una ventana con vidriera de decoración geométrica bastante sencilla.

A los pies del Cristo se sitúa el Sagrario, pieza encargada por la corporación nazarena en 1854, en la que se integra el cincelado en plata de ley a finales del siglo XVIII por Francisco Rodríguez.

Cuatro grandes candelabros flanquean el conjunto devocional que conforman el Crucificado y el sagrario, adornándose el recinto con dos ánforas antiguas sobre basamentos que mantienen la estructura del estípite, también realizados en madera tallada y dorada, con mayor profusión decorativa vegetal. 

Capilla de Nuestra Señora de los Dolores

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La Virgen de los Dolores viene ocupando la misma capilla desde, aproximadamente, el año 1675, adquiriéndose nuevos terrenos en 1682 a Pedro Díaz de Aranda, con la intención hacer y fabricar capilla a su Divina Majestad Nuestra Señora de la Soledad y colocar en ella su santa imagen. Posteriormente, se vendería una parte de este recinto para colocar allí al Cristo de la Exaltación, quedando, finalmente establecida, en 1732 en este espacio, en el que se llevaría a cabo una nueva reforma. Si bien en el año 1758 se había informado de las obras realizadas, sería más adelante, en 1790, cuando se acometería la renovación del recinto, realizándose el retablo que, reformado en parte, podemos admirar actualmente. El responsable de su ejecución y dorado fue Miguel Tarria y su coste total ascendió a los 10.428 reales. Según las últimas aportaciones, en la construcción de la pieza de altar intervino, además del mencionado Miguel Tarria, el escultor Antonio de Medina que realizaría las tallas de un San Juan y una Magdalena.

La imagen de la Virgen de los Dolores se sitúa en su capilla propia, la tercera de la nave del Evangelio, desde la que se accede a través de un arco de medio punto en el que destaca la decoración dorada de formas vegetales en el intradós. El recinto dedicado a la Dolorosa tiene planta rectangular, cubierta con bóveda de aristas decorada con dobles guirnaldas y rocalla que se unen en la clave profusamente adornada. Siguiendo las noticias de las diferentes intervenciones a las que el recinto ha sido sometido con el paso de los años, y teniendo en cuenta las huellas de la decoración original, la profesora Rosario Camacho apunta la posibilidad de que detrás de este proyecto decorativo estuviese Martín de Aldehuela. Sin documentación que lo acredite, sería factible que, como maestro mayor de las obras menores del obispado interviniera en las obras de estos años pudiendo realizar sus diseños, o fuese obra de algún maestro muy condicionado por su estilo, pues la relación con éste es indudable.

Todo el espacio se articula a partir del gran retablo que ocupa el testero del fondo en cuya parte central se abre el camarín donde se venera la sagrada imagen. El retablo, realizado en madera dorada sobre fondo rojizo, aplicado tras la restauración llevada a cabo en el recinto en 1980, fue reconstruido tras la Guerra Civil siguiendo las pautas de los restos conservados tras los episodios de asalto y saqueo sufridos por el templo parroquial durante los años treinta. En la parte baja, se sitúa el altar con relieves de formas vegetales y rocalla, en cuya parte central destaca un corazón policromado en rojo, en alusión a la advocación de la Titular de la Archicofradía y como símbolo de la Profecía de Simeón. La parte alta de la pieza, se abre mediante un gran arco de medio punto al camarín.

En el testero de la izquierda, hay actualmente un cuadro de la Inmaculada y debajo una urna con una imagen de terracota de Cristo, que guarda grandes similitudes con el Santo Cristo de la Salud realizada por José Micael y Alfaro que se encuentra en la iglesia del mismo nombre de la capital. En la parte superior, hay una vidriera en la que se representa el momento de la muerte de Jesús en el Calvario. En la pared de la derecha encontramos, sobre la puerta que da acceso al camarín de la Virgen, un pequeño lienzo con un crucificado que podríamos enmarcar en la tradicionalmente llamada corriente jansenista. Sobre esta pintura hay dos vidrieras, en la parte más alta una que representa la Huida a Egipto y debajo el Camino del Calvario cuando Jesús es ayudado por el Cirineo. Dadas las características de la arquitectura del recinto, únicamente es posible ver la firma de una de las vidrieras, ésta última, mencionada anteriormente y realizada en París en el taller de L. Collinet en 1926. Aunque los informes de los destrozos sufridos durante la década de los años treinta detallan la desaparición de alguna de las vidrieras, la firma y fecha en ésta, dan la clave para afirmar que algunas pudieron salvarse, reconstruyéndose el resto con posterioridad. Las vidrieras están enmarcadas por guirnaldas doradas terminadas en lazos por la parte inferior.

            El Camarín de la Dolorosa de San Juan, se cierra a la capilla por un cristal, tiene planta hexagonal y está cubierto por una bóveda decorada con guirnaldas doradas, siguiendo el esquema de todo el recinto. En el resto de cada uno de los lados hay un gran medallón de lazos y rocalla en dorado que enmarca diferentes atributos de la Pasión. De izquierda a derecha situándonos delante de la imagen de la Dolorosa encontramos, dentro del medallón, dos relieves que representan dos jarras de diferentes formas y tamaños que podrían simbolizar, la primera de ellas, la jarra que contenía agua con la que Poncio Pilato se lavó las manos, acto de carácter simbólico recogido en el Evanglio de San Mateo (Mt 27, 24). La segunda de las jarras podría hacer referencia al recipiente que contenía las cien libras de mirra y aloe traídas por Nicodemo para ungir el cuerpo de Jesús en su sepultura, episodio narrado por San Juan (Jn 19, 39). La representación de estos objetos podría tener una segunda lectura, esto es, ser considerados como los dos cálices que recogieron la sangre y el agua emanadas de las cinco llagas de Jesús, en relación directa con la Eucaristía. Este segundo significado acorde con el discurso de los relieves del recinto, presenta ciertas dudas al tratarse de jarras y no de copas, forma de representación más habitual. En el segundo medallón, una escalera y la lanza de Longinos. En el tercero, de la misma anchura que el arco que abre el camarín hacia la capilla, se encuentran dos relieves, el anagrama de Jesús, JHS, y la columna y los látigos. Sobre la puerta de acceso al camarín se ha colocado otro medallón con la corona de espinas y los clavos, y en el último lado, una túnica y varios dados, que hacen referencia al sorteo de la túnica de Cristo entre los soldados romanos tras la crucifixión (Jn 19, 23-24). En el zócalo que rodea todo este espacio se han colocado una serie de estrellas de David coincidiendo con cada uno de los medallones.

Similar decoración de guirnaldas y lazos completa la ornamentación de cada uno de los tramos en los que se divide la bóveda. En dos de los lados superiores se abren dos vidrieras, realizadas y regaladas por Manuel Puyana durante la restauración a la que fue sometido el recinto en el año 1998. En una de ellas se puede leer “Mater Dolorosa” y en la otra “Mater Inmaculata”.

Aunque en 1980 la capilla de la Virgen fue restaurada, renovándose su instalación eléctrica, la intervención de mayor envergadura tendría lugar a finales de los años noventa, tras el traslado del Cristo de la Redención a su recuperada capilla Sacramental. En el caso de la capilla de la Dolorosa, la intervención se centró en el arreglo del camarín, pintándose las paredes después de solucionar los problemas de humedad, y acometiendo nuevos arreglos en la instalación eléctrica que fue sustituida por otra nueva. También se intervino en el retablo que se sometió a una limpieza y reposición del dorado, trabajo llevado a cabo por Raúl Trillo. La mesa de altar fue asimismo restaurada tanto en su estructura como en la eliminación de algunos repintes que ocultaban el dorado original. También se repusieron algunas piezas muy dañadas. Dicha intervención fue realizada por la restauradora de la Junta de Andalucía Cinta Rubio Faure.

Pilar Díaz Ocejo.